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:: Zanja de Alsina
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Corría el año 1874 cuando asumió como presidente de los argentinos el Dr. Nicolás Avellaneda, y quedó a cargo de la cartera de Guerra el Dr. Adolfo Alsina. El actual partido de Rivadavia era una región insegura e inhabitable, asolada por los malones en busca de hacienda y utilizada como vía de paso por los indios. El gobierno buscaba extender la frontera desde el río Salado hasta el río Negro, para anexar tierras que posibilitaran la integración económica de la zona y presentar así a la Argentina como estado unificado, en el ruedo del comercio internacional.

El Dr. Nicolás Avellaneda logró que su proyecto se reglamentara mediante la sanción de la «Ley de colonización» o «Ley Avellaneda», que autorizaba varios sistemas de colonización. Se fijaron máximos y mínimos para las parcelas de tierras públicas, que se venderían con créditos amplios o se otorgarían gratuitamente por concesiones. La ley propiciaba la formación de colonias agrícolas, emulando la que existía en Santa Fe, que había tenido gran éxito. Por otra parte, Alsina contribuyó al objetivo de expansión de las fronteras al presentar un proyecto que consistía en la construcción de una zanja -de tres varas y media de ancho por dos y media de profundidad, cuya longitud se estimó en 610 km. aunque finalmente sólo se construyeron 342-, que establecía la frontera desde Italó, en el sur de Córdoba, hasta el Fuerte Argentino en Torquinst, pasando por el deslinde de los partidos de General Villegas y Rivadavia. Hacia el año 1876 el General Villegas, al mando de una de las cinco divisiones expedicionarias que debían ocupar en forma permanente la nueva línea de frontera, dio un gran paso y tomó tierras de la zona de Trenque Lauquen, extendiendo el límite de la «Zanja de Alsina». Para vigilarla se establecieron fortines: construcciones precarias de forma circular, de poco más de veinte metros de diámetro, con un rancho de adobe y un mangrullo en el centro, rodeados por un foso y un paredón de palos a pique para fortalecer su defensa. En cada fortín se establecían entre siete y diez soldados elegidos para ese destino. La distancia entre uno y otro era corta, posibilitando una rápida comunicación en caso de malones u otras eventualidades. La comandancia era un fortín más, pero con mayor jerarquía, pues en él se realizaba el abastecimiento de caballos y se centralizaba toda la información de los fortines cercanos. Además, en ésta vivían los familiares de los soldados, aportando apoyo y compañía, con lo que disminuía el número de deserciones. El partido de Rivadavia estaba atravesado de norte a sur por la zanja, -que actualmente es un camino rural conocido como Camino de la Zanja- y sus fortines eran catorce: Fortín General Roca, Fortín Colazo, Fortín General Conesa, Fortín General Lamadrid (que tuvo la jerarquía de comandancia de extrema derecha), Fortín Coronel Fraga, Fortín Coronel Gaspar Campos, Fortín Ayudante Villalón, Fortín Coronel Martínez de Hoz, Fortín Montes de Oca, Fortín Coronel Rauch, Fortín Coman- Dr. Adolfo Alsina Dr. Nicolás Avellaneda CITAB Centro de Investigaciones Territoriales y Ambientales Bonaerenses HISTORIA Y POBL POBLACIÓN ACIÓN Mapa publicado en el censo de 1881 CITAB Centro de Investigaciones Territoriales y Ambientales Bonaerenses HISTORIA Y POBL POBLACIÓN ACIÓN dante Cabot, Fortín Coronel Olavarría, Fortín Subteniente Leyte y Fortín Soldado García. Cabe destacar que en las inmediaciones de los fortines Olavarría y Campos, con el tiempo surgieron dos pueblos: el primero lleva hoy el mismo nombre del fortín, Fortín Olavarría, y el otro es actualmente San Mauricio. Estos sucesos, sumados a la red ferroviaria que se estaba extendiendo y al telégrafo, aseguraron la comunicación entre las zonas alejadas. Surgieron pueblos linderos a las vías férreas, donde se instalaron inmigrantes y criollos que adquirieron tierras y desarrollaron colonias agrícolas. Los pobladores más antiguos de Rivadavia, de acuerdo con las primeras mensuras, fueron: José Gibson, Remigio González, Tomás Drysdale, Enrique Jaenisch, Eustaquio Díaz, Pedro Oubiñas, Juan Seré, Francisco Essandi, Fernando Steinius, Guillermo Parry, Esteban y Antonio Garré y José Elordi. En la década del 80 en el poder ejecutivo estaba el general Julio A. Roca, quien pretendía la «Paz y Administración» de la Argentina. Roca puso fin a la hostilidad de los indios con sus campañas militares y se consolidaron así las fronteras de una Argentina que prometía ser próspera.